miércoles, 17 de febrero de 2016

Hora del martillo y el cincel


torso de Apolo arcaico
Imagen extraída de la red


TORSO DE APOLO ARCAICO
Rainer Maria Rilke
No conocemos la inaudita cabeza,
en que maduraron los ojos. Pero
su torso arde aún como candelabro
en el que la vista, tan sólo reducida,
persiste y brilla. De lo contrario, no te
deslumbraría la saliente de su pecho,
ni por la suave curva de las  caderas viajaría
una sonrisa hacia aquel punto donde colgara el sexo.
Si no siguiera en pie esta piedra desfigurada y rota
bajo el arco transparente de los hombros
ni brillara como piel de fiera;
ni centellara por cada uno de sus lados
como una estrella: porque aquí no hay un sólo
lugar que no te vea. Debes cambiar tu vida.


Es el tiempo... siempre lo es, de ahí tantos poemas dedicados al paso del tiempo, cuando leí el poema de Rilke por primera vez intuí que volvería a su verbo, creo que en aquel momento desconocía el sentido del texto pero me enamoró su ritmo.
Hoy soy yo la piedra desfigurada y rota, ya lo sé, es el tiempo... siempre lo es. Así que acepto la ausencia de extremidad sin reproche solo para darme cuenta de que pasa el tiempo y es imperativo vivirlo.

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