lunes, 30 de abril de 2012

Nada

Hoy que nada vengo a decir, escribo
fue la lluvia quien humedeció mi abrigo
como un día entre tantos, siento frío.

Hoy que nada vengo a escuchar, atentos están mis oídos
fue la música quien engaño a mi instinto
como un día entre tantos, percibo. 

Hoy que el día desciende al abismo, sobrevivo
fue la noche quien perdió su brillo
como un día entre tantos, todo es sombrío. 

Hoy que ningún vampiro se ha atrevido a jugar conmigo, exclamo.
Exclamo para no olvidar este día vacío
y así ante la nada, así ante el desafío.
Hoy, como tantos otras días, prefiero el abismo ha soñar con un espejismo.

jueves, 19 de abril de 2012

Más allá de la lógica

  • " La razón es conocerlo todo, pero no conocer otra cosa" (Steiner)
  • Ya lo decía Schopenhauer, ¿De qué valen los argumentos cuando alguien ya ha tomado una decisión? Es decir, intentar convencer a alguien por medio de razonamientos cuando esa persona es.... como diría yo, una persona. Al levantar un muro ejerce su libre derecho de oposición, ella es libre para no servir a tus razonamientos, para desentenderse de la lógica según le convenga.
  • Con todo, acudimos a la lógica para convencerla. Por tanto, trazamos el camino ligero en vez de ser más creativos y partir de la sinrazón. Enganchar por medio de las emociones, aunque para mí sea un contrasentido y disloquen los templos de la lógica. 
  • La razón y la lógica sirven para confirmar una idea, para aclarar el desván de la mente. De ahí el dilema filosófico de que nuestra voluntad ya está construida y sólo la descubrimos por medio del intelecto. 
  • De modo que sí, todos somos órganos de percepción distintos y por tanto las discusiones racionales no buscan un acuerdo (sin la variable tiempo quizás sí) sino enriquecimiento, un acercamiento, es un proceso de ósmosis. 
  • Los mejores argumentos son los que inquietan el corazón y con ello cuestionan el intelecto. Ahora bien, sin ese darse cuenta de los terremotos interiores, sin ese Ojo de Horus caeríamos bajo el manto de la penumbra, ahí está la diferencia, que unos viajan con un faro y otros a oscuras.

domingo, 15 de abril de 2012

El eterno errante

  • El constructivimos sostiene que nosotros no encontramos el mundo sino que lo inventamos, y que por supuesto jamás llegaremos a conocer la verdadera realidad. Si en un caso hipotético, existiera, nosotros alcanzaríamos a descifrar justamente lo que ésta no es. 
  • De aquí se deduce que en cuanto fallamos (expectativa Vs realidad) nos topamos con la realidad. Pero que, al partir de bases erróneas, la explicación de una nueva realidad o su fracaso resultará también falsa. 
  • El bálsamo del constructivismo radica en la reducción de errores, con las vivencias reducimos las construcciones erróneas. De ahí la célebre máxima Socrática: "solo sé que no sé nada" no es que no sepamos nada sino que sabemos que no podemos alcanzar un conocimiento con certeza. 
  • De modo que, un constructivista explicado por Watzlawick sería aquel que posee las siguientes cualidades. (basta con leer lo resaltado) 
  • En primer lugar: un constructivista sería aquella persona enteramente libre, libre porque sabe que su vida es construida por él mismo, que es resultado de sus elecciones y que por tanto puede construirla de otra manera. Él es el creador de su propia realidad, novelista de sí mismo como diría Ortega, o como en el Lobo Estepario: el creador de un nuevo juego que parte de las misma fichas del ajedrez, en cualquier momento puede cambiar el objeto de su existencia. 
  • En segundo lugar: un constructivista sería aquella persona responsable, pues resultado de su libertad, es su responsabilidad ética. No puede evadirse de su realidad, ni presentar excusas de su situación, ni someterse a las presiones externas, el constructivista sabe que él es libre y esa libertad por inercia le responsabiliza de cada segundo de su existencia. 
  • Y en tercer lugar: un constructivista sería un conciliador, al saberse constructor de su realidad, por efecto llega a la conclusión de que cada persona es sin duda un constructor, de que cada persona percibe una realidad totalmente diferente a la suya. Con ese antecedente resulta imposible no ser un conciliador, una persona que busca al otro para contrastar su propia realidad, que tiende lazos conciliadores en vez de levantar muros de silencio.