lunes, 5 de diciembre de 2011

Cultura popular


  • Expongo el siguiente texto porque aceleró mi viaje interior de una manera inesperada, lo comparto en mi blog para aquellos que deseen acercarse a otra manera de ver la cultura popular. 
  • "El triste hecho es que el noventa y cinco por ciento o más de los seres humanos se las arregla más o menos a gusto o a disgusto, según el caso, sin el menor interés por las fugas de Bach, los juicios sintéticos a prior de Immanuel Kant o el último teorema de Fermat. Atrapada en la rueda de la supervivencia material cotidiana, en el cuidado y la educación de los niños, la comunidad humana considera estos asuntos, si es que llega a tener alguna conciencia de ellos, juegos más o menos ociosos, demostrablemente superfluos y a menudo irresponsables o demoníacos en sus consecuencias. De ahí los contraíconos del científico loco, del artista trastornado, del metafísico que se cae en el pozo. 
  • Sigue siendo un hecho irrefutable que la religión universal de la mayoría de los Homo Sapiens-sapiens no es otra que el fútbol. La música para bailar o el rock exaltan, emocionan, consuelan a cientos de millones de personas para quienes una sonata de Beethoven es sinónimo de aburrimiento. Si tuvieran la posibilidad de elegir libremente, la pluralidad de mis semejantes preferiría una telenovela o un teleconcurso a Esquilo, el bingo al ajedrez. Y es precisamente esta libertad de elección, aun cuando las opciones estén previamente seleccionadas y envasadas por el predominio económico de los medios de comunicación de masas y los mercados de masas, la que resulta esencialmente acorde con los ideales y las instituciones de la democracia. 
  • Además: ¿qué derecho tiene el mandarín a imponer la alta cultura? ¿Qué licencia posee el pedagogo o el así llamado intelectual para introducir por la fuerza sus prioridades esotéricas y sus valores en las gargantas de lo que Shakespeare llamaba el gran público? Sobre todo cuando en lo más profundo de su atormentado corazón, sabe que lo logros artísticos e intelectuales no parecen volver más humanos a los hombres y a la sociedad, más aptos para la justicia y la piedad. Cuando intuyen que las humanidades no humanizan, que las ciencias, incluso la filosofía, pueden estar al servicio de la peor de las políticas.¿Qué justificación tengo, al margen del gusto o la vanidad personal, para enfrentarme, como Don Quijote y sus molinos de viento, a la cultura popular y a lo que de un modo tan manifiesto mejora vidas de otro modo grises o tullidas? Sobre una base pragmático-democrática, sobre la justicia social, la respuesta es ninguna." (Texto de George Steiner en su Biografía Errata) 
  • Quizás sea una de las insostenibles paradojas del ser humano, cómo es posible que un científico, un amante de la ecuación, un ilustrado, sea capaz de idear tecnología con el fin de exterminar a poblaciones y faunas. Cómo es posible que un filósofo, un amante de la sabiduría, alguien cuya existencia consiste en contrastar autores, en escudriñar modos de existencia, caiga en la terrible oscuridad, en la despiadada simplicidad intelectual del extermino de poblaciones. Y con ello, ¿qué derecho tememos de situar a Hölderlin, Goethe, Platón, Nietzsche o a Dante Alighieri por encima de la cultura popular?