domingo, 29 de mayo de 2011

Al infierno

Adviertan ustedes con que precisión me distraigo, basta un soplo del viento para conducir mis ojos al momento. Lo lamento, a nada me acerco pues un mono habita en mi centro. Un divertido corto quiero escribir en este templo, así que ardua tarea me dispongo a emprender con este instrumento.


  • Un momento... empieza a crearse el adoquinado firmamento.
  • Un perro paseaba por el sendero, júbilo y presuntuoso, feliz de haber vivido un amorío impetuoso.
  • La susodicha amante ya no volverá a deleitarse -pensaba él en actitud petulante-
  • Caminaba orgulloso por el paisaje pedregoso pues iba en albedrío soñando con otro amor clamoroso.
  • Yo soy fantástico, soy deslumbrante mas ninguna ha disfrutado de un amor semejante. Así canturreaba alegremente por el bosque mientras éste se volvía disonante
  • Tanta era su dicha que al bosque le invadió la desdicha. De manera que el aire se volvió frió y el monte perdió el brío.
  • De cólera clamó el viento y las ramas de los arboles como brazos de espectro ansiaron estrangularle en ese mismo momento.
  • El continuó con su fruición a la vez que se fraguaba desaparición.
  • Chopos, álamos, abedules y sauces conspiraban para atacarle.
  • Un momento -exclamó el caminante- jamás he contemplado bosque semejante.
  • Y es que nuestro artista desconoce el siniestro talante pues oculta entre una nebulosa habita una montaña parlante.
  • Con todo, el Joven exultante, sin atisbo de su destino espeluznante se adentró en el monte con aires desafiantes.
  • Y aquí termina la primera parte del ingenuo caminante que al infierno se dirige con alborozo semejante.