jueves, 27 de enero de 2011

Filantropía

  • Sólo los seres plurales se movilizan ante los excesos. 
  • El no querer a un desconocido no significa que su dolor te pase inadvertido. No significa ser indiferente ante la barbarie, la ausencia de amor no conlleva inmovilidad, innecesario es amar para defender. Todo lo contrario, movilizarse ante un acto externo a nosotros, dignifica. 
  • Un luchar por algo sin amarlo (aunque con implicación emocional como la compasión) eleva a los hombres. Porque ya no es un acto heredero de las pasiones, sino un acto fruto de libertad, resultado de la reflexión, de las máximas del ser. Los demás, el exceso y defecto, es pura naturaleza humana.

lunes, 10 de enero de 2011

Juegos

  • Una vez estuve a punto de salir. Caminaba hacia la libertad, ufano con los ojos cerrados, apreciando la cálida brisa del desahogo, prescindiendo del cuerpo. Ligero como la hoja del monte gravitaba a la vez que recreaba la excarcelación.
  • -Malditos, exclamé tras la estridencia de la puerta. -Maldita tú también, puerta, raíz de esta prisión. Los carceleros mofándose exclamaron: -te quedas aquí con nosotros, deja de soñar con la redención, debes permanecer hasta que cumplas tu condena, tienes un deuda que compensar. Entonces me detuve, le di la espalda a la libertad, deshice los pasos del ensueño y volví a mi celda.
  • Aquí estoy, tendido en una cama de hospital, sin saber cuál es la deuda que he venido a cancelar, sin saber qué urdí en el pasado para desmerecer la voluntad. No pagaré el mal que no recuerdo. Me niego a que se me vuelva a esclavizar, es una rebelión, la ficha de este juego se ha cansado de esperar.

jueves, 6 de enero de 2011

EutaSao

  • La señora Sao vivía en una gran ciudad, cosmopolita, todo un mundo mágico. Le encanta vivir allí, por las noches salía al balcón a observarla, amaba su vida. 
  • Leía y leía hasta la madrugada, después fumaba en su pipa de plantas Nisha provenientes de los planetas verdes. Se levantaba al medio día, desayunaba frutas con zumo de Nisha y a la hora de comer se alimentaba de sus beneficiosas algas. Por las tardes cogía su pequeño triter y se disponía a pasear por las calles abarrotas de ciudadanos. Sabía que llegaba su fin, deseaba seguir viviendo pero ya era demasiado mayor, lo comprendía, sus 153 años lo demostraban. Por ello, no bajaba de su triter, no quería que nadie le viera la señal, los ciudadanos la recriminarían.
  • Consumió el dinero de su juventud, ahora no le queda nada conque vivir, y la avanzada edad no le permite trabajar. -Una semana- declaró la señora Sao, en parte con cierta nostalgia y en parte inundada de orgullo. 
  • Estaba satisfecha de su vida, nada se reprochaba, nunca incomodó a nadie. -Dentro de unos días me iré- lo había decidido, dejará su cuerpo en las serenas cápsulas, ingerirá la pastilla y dormirá eternamente.